liposuccionInstituto Dr. E. Lalinde:
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La anestesia es una de las grandes preocupaciones a la hora de tomar la decisión de someterse a una intervención. Es como subirse a un avión: aunque digan que es más seguro que viajar en coche no se puede evitar el sentir cierta angustia cada vez que hay que volar.
Por otra parte, la anestesia es una de las ramas de la medicina que más ha evolucionado en los últimos 40 años. La aparición de nuevos medicamentos, equipos y técnicas de anestesia, han reducido los problemas quirúrgicos de otros tiempos a unos niveles mínimos. Los laboratorios se empeñan en buscar nuevas drogas que superen a las anteriores y que presenten menos efectos colaterales.
La monitorización del paciente nos permite un completo control durante el acto operatorio, y aunque nuestros pacientes son en principio sanos, el trabajo conjunto con otros especialistas hace que podamos intervenir sobre pacientes debidamente preparados que presentan alguna patología, como es el caso de diabéticos, hipertensos, cardiopatías, etc.
El dolor es la percepción cerebral de un estímulo agresivo procedente de los receptores periféricos que se transmite a través de las células nerviosas hasta el cerebro, donde es analizado: se localiza, valora la intensidad y se relaciona con experiencias anteriores para dar la respuesta más adecuada. Esta respuesta puede ser desencadenada de forma refleja en la médula, antes de que el estímulo alcance el cerebro, o bien, ser recibido por éste, que a su vez provocara una respuesta del organismo. Esta respuesta abarca una amplia gama de posibilidades, desde el quejido, cerrar los párpados o retirar la parte sometida al agente causante del dolor, hasta la pérdida del conocimiento.
Actualmente el arsenal terapéutico contra el dolor es tan extenso y eficaz que podemos asegurar a los pacientes un post-operatorio tranquilo y con apenas molestias. No es necesario sufrir.
Desde los tiempos más remotos el hombre ha buscado mitigar el dolor. La utilización de sustancias vegetales con propiedades anestésicas era de uso corriente en las civilizaciones más antiguas. Para la supresión del dolor eran usadas la raíz de mandrágora o de belladona, las hojas del cannabis, del opio o de coca y el alcohol, dependiendo de las diversas culturas.
Sin embargo, la primera anestesia quirúrgica fue descubierta por un dentista, Horacio Wells, en Hartford, Connecticut, en 1844. La sustancia utilizada fue el protóxido de azoe. Morton y J. Jakson utilizan el éter sulfúrico en 1846, y en la misma época, un estudiante de medicina, M. Furnell, descubre, accidentalmente, las propiedades anestésicas del cloroformo.
Con respecto a la anestesia local, es decir, la anestesia que se limita a sólo una zona determinada del cuerpo, los primeros datos de que disponemos nos refieren al 2000 A.C. cuando asirios y egipcios utilizaban la compresión para disminuir localmente la sensibilidad al dolor. La misma técnica fue empleada por Ambrosio Paré a comienzos del siglo XVIII y por James Moore en 1748, con su célebre torniquete compresivo. Otro método para provocar anestesia en una zona fue el frío: Hielo y nieve fueron utilizados por Bartholinus el siglo XVII, mientras que Richarson en 1886 lo conseguía con el éter y Rottenstein lo hacía, en la misma época, con el cloruro de etilo. Otros productos utilizados con el mismo fin fueron el yoduro, cloruro, u oxido de metilo, el alcohol o la nieve carbónica. Por otra parte, en 1818, Francis, dentista de Filadelfia, hace uso de las corrientes galvánicas para conseguir los mismos efectos anestésicos, denominándolo narcotismo galvánico.
Con la invención de las jeringuillas hipodérmicas por el cirujano irlandés F. Rynd, en 1845 se abre otro camino a la anestesia, al poder introducir en el organismo drogas capaces de eliminar el dolor. Desde entonces, la complejidad de la ciencia anestésica ha superado con creces cualquier sueño de los cirujanos de la época y ha permitido intervenciones largas y complejas cada vez con más seguridad y control.
Para facilitar la comprensión de lo que es la anestesia podemos clasificarla en dos grandes tipos: General y local.
La Anestesia general se caracteriza por la necesidad de intubación, es decir, de introducir un tubo en la tráquea del paciente por medio del cual se controla la respiración del mismo, y se le administran agentes anestésicos en forma de gases.
La anestesia local, por el contrario, elimina el dolor en un área del cuerpo mientras que el paciente respira por sus propios medios de forma espontánea.
Dentro de la anestesia local diferenciamos dos variantes dependiendo de si se anestesia directamente una zona por medio de la inyección de un anestésico local o bien, si se bloquea la percepción del dolor en un lugar distante a la zona a ser anestesiada. Esto se obtiene gracias a la aplicación del anestésico en un punto que corresponde al paso del nervio o la raíz sensitiva.
Como ejemplo de anestesia general podemos citar la cirugía de reducción o aumento de los senos.
Es más familiar el tipo de anestesia local que se realiza para quitar, por ejemplo, una pequeña tumoración en la cara, y que equivale a la que el dentista utiliza para empastar un diente: en estos casos, es suficiente la inyección del agente anestésico en la periferia de la zona a ser intervenida.
El bloqueo se corresponde a lo que los mismos dentistas realizan cuando en vez de un diente tienen que intervenir en varios a la vez: dan un pinchazo al final de la mandíbula a nivel de la salida del nervio que recoge la sensibilidad de la zona, con lo que consiguen que quede anestesiada toda la mitad de la mandíbula correspondiente.
Otro tipo de bloqueo anestésico se efectúa a través de la inyección entre las membranas que recubren a la médula espinal: es la anestesia epidural, con la que se consigue la pérdida de sensibilidad en la parte inferior del cuerpo, por debajo y un poco por encima del punto de inyección entre las vértebras.
Anestesia General

Anestesia Local

El tipo de anestesia debe ser escogida teniendo en cuenta la extensión y naturaleza del acto quirúrgico así como las condiciones del estado general y psicológico del paciente.
Es de resaltar la máxima importancia que tiene el anestesista dentro del equipo quirúrgico, así como la necesidad de que éste conozca de cerca los procedimientos a realizar en cada intervención y esté familiarizado con el cirujano.
El tipo de anestesia requerida para una intervención de cirugía plástica se elige entre el cirujano, el anestesista y el paciente. El primero indicara las posibilidades anestésicas que existen para la cirugía solicitada, y expondrá el modo más correcto y seguro, tanto desde su punto de vista como del anestesista, pues es importante que ambos se conozcan y tengan criterios acordes. El paciente, dependiendo de sus preferencias y características personales, podrá optar por lo que crea que más le conviene.
Pongamos un ejemplo representativo. Una cirugía de lifting (estiramiento de la piel y de la musculatura del cuello y de la cara), con tratamiento de los párpados y de las arrugas de la frente y del labio: En principio proponemos, y normalmente lo realizamos, bajo anestesia local con sedación, puesto que trabajamos sobre tejidos superficiales. Para evitar el sangrado y facilitar el despegamiento utilizamos una infiltración de anestésico local al que ponemos una mínima concentración de adrenalina. Estas concentraciones apenas tienen repercusiones generales, especialmente cardíacas. Para evitar el malestar que suponen los pinchazos de la infiltración, el, o la paciente es sedada, es decir, con la utilización de ciertos fármacos se le priva de la consciencia durante un tiempo mínimo. De la misma manera puede dársele un analgésico potente para evitar la sensación dolorosa. Una vez infiltrada la zona con dicha solución podemos disminuir tanto el nivel de analgésicos como la sedación, pues el paciente ya no sentirá dolor. El mismo tipo de infiltración se realiza tanto cuando se utiliza una anestesia general como cuando es una local, lo único que varía es la concentración del anestésico.
Si a veces proponemos anestesia general para realizar un lifting, es, para evitar las molestias causadas por estar en la misma posición durante cuatro, cinco, o seis horas, y no porque sienta dolor. Otra de las razones es que, cuando han de ser anestesiadas amplias zonas, la cantidad de anestésico puede alcanzar concentraciones próximas a las tóxicas.
Si una ventaja tiene la cirugía plástica sobre las demás cirugías es que los pacientes, en su gran mayoría, son sanos, es decir, no poseen una patología de base, sino una malformación, deformidad, o deseo de mejorar.
Es bien sabido que el riesgo anestésico es proporcional a la gravedad de la enfermedad que el paciente posee cuando va a ser intervenido. En Cirugía Plástica, como en cualquier otra especialidad quirúrgica, antes de toda cirugía se efectúa un estudio minucioso del paciente para conocer cualquier factor que aumente los riesgos de la intervención. Análisis completo de sangre y de orina, pruebas de coagulación, radiografía de tórax, E.C.G y examen cardiológico son las pruebas básicas, a las que se le añade un cuestionario sobre los antecedentes médicos, personales y familiares, intervenciones previas, alergias, medicinas que utiliza, etc.
La máxima seguridad se alcanza cuando el equipo está constituido por profesionales adecuadamente entrenados y que siguen cuidadosamente todas las normas establecidas para evitar los accidentes. En caso de que estos ocurran lo más importante es que la respuesta sea rápida y efectiva gracias a que se hayan previsto de antemano todos los posibles percances, y, todavía más importante, que exista una vigilancia continua del paciente por parte del anestesista, responsable, al fin y al cabo, del control del paciente durante el tiempo quirúrgico.
Los peligros estriban en las diversas reacciones a los medicamentos, principalmente el choque anafiláctico, y las respuestas cardiovasculares y pulmonares que puedan pasar desapercibidas o no sean controladas a tiempo. Esto se ha reducido a niveles ínfimos gracias a la monitorización cardiográfica y el control de las constantes vitales: presión sanguínea, pulso, presión de oxígeno en la sangre, etc. durante la intervención y en la recuperación anestésica.
En toda cirugía, pero especialmente en Cirugía Plástica, minimizar los riesgos es la norma. De todas formas, es evidente que en manos de un anestesista experto la posibilidad de complicaciones será mínima.
También deben ser evitadas en lo posible las transfusiones sanguíneas y si en alguna ocasión se prevé la posibilidad de su necesidad se puede hacer una autotransfusión, es decir, durante un tiempo previo a la cirugía se extrae sangre del propio paciente la cual será almacena para después volver a transfundírsela.
Con pocas excepciones la cirugía estética está constituida de procedimientos quirúrgicos que pueden ser realizados en régimen ambulatorio, o sea, sin necesidad de ingreso en Clínica o Sanatorio.
En general las intervenciones estéticas justifican ingreso en Clínica cuando se realiza bajo anestesia general que necesita de un tiempo de eliminación de los agentes administrados, cuando existe posibilidades de alteraciones de los líquidos del cuerpo que obliga a reposición líquida, de sales o de sangre o cuando existen problemas de otra índole que necesita un constante control médico y de enfermería del paciente.
De forma orientativa basada apenas en estos motivos solamente la abdominoplastia, grandes reducciones mamarias, dermolipectomía trocantérica, grandes lipoaspiraciones y cirugías combinadas estarían en el grupo de ingreso hospitalario obligatorio. Sin embargo hay que considerar otros motivos en el momento de hacer esta separación entre cirugía ambulatoria y cirugía con ingreso hospitalario.
Llamamos cirugía ambulatoria, por tanto, a las intervenciones que pueden ser realizadas en clínica bajo anestesia local con o sin sedación o general y que no necesitan de un estricto control médico y de enfermería, de tal manera que su postoperatorio inmediato puede ser realizado en el propio domicilio y en la consulta.
La permanencia del paciente en la clínica está limitada a la realización de la intervención y a las dos o tres horas siguientes para la eliminación de la anestesia y sedantes que puedan haber sido administrados.
La cirugía ambulatoria puede ser dividida en:
Pensar en la anestesia siempre causa cierto respeto, a menudo temor y a veces miedo. Esto es normal si se desconoce qué es la anestesia y sus posibilidades actuales. Con esta información se pretende que, si usted o un allegado va a ser intervenido quirúrgicamente, vaya a quirófano tranquilo, sin temor a la anestesia y dispuesto a colaborar con su médico. Para ello, vamos a contestar unas preguntas sencillas.
¿Qué es la anestesia?
¿Voy a estar dormido?
¿Hay algún riesgo?
Si tiene menos riesgo la anestesia local y además puedo dormirme, ¿por qué se realiza la anestesia general?
¿Qué va a pasar en quirófano?
¿Cómo me van a dormir?
¿Puedo colaborar de alguna forma?
¿Qué es reanimación?
PIENSE QUE TODOS LOS PROFESIONALES QUE LE ATIENDAN SIEMPRE ACTUARÁN PENSANDO EN USTED Y CON LOS MÍNIMOS RIESGOS POSIBLES.
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